La Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela es el organismo de inteligencia militar encargado de proteger a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) de amenazas internas, espionaje y deslealtad. Oficialmente, la DGCIM se define como el “escudo protector” de la FANB para garantizar la lealtad dentro de las fuerzas armadas.
Sin embargo, múltiples informes nacionales e internacionales han revelado que, especialmente desde 2014, esta agencia se ha convertido en una herramienta represiva clave del gobierno venezolano. Agentes de la DGCIM han perpetrado graves violaciones de derechos humanos –incluyendo torturas, detenciones arbitrarias y violencia sexual– como parte de un plan sistemático, orquestado desde los más altos niveles del gobierno de Nicolás Maduro para reprimir la disidencia (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae).
Organismos como la ONU, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, así como ONGs venezolanas, han documentado estos abusos de forma extensa, concluyendo que podrían constituir crímenes de lesa humanidad cometidos con impunidad y anuencia del Estado (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae).

A continuación se presenta un informe detallado sobre las violaciones de derechos humanos atribuidas a la DGCIM en Venezuela, describiendo los tipos de abusos cometidos, los periodos más críticos, el perfil de las víctimas, los centros de detención involucrados, los responsables identificados, la documentación disponible de diversas organizaciones, la reacción (o falta de ella) por parte del Estado venezolano, y la relación estructural de la DGCIM con el poder político dominante.
Tipos de violaciones cometidas por la DGCIM
Diversos reportes coinciden en que la DGCIM ha incurrido en múltiples tipos de violaciones de derechos humanos en el ejercicio de la represión. Entre las principales prácticas documentadas se encuentran:
- Detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas: la DGCIM ha detenido a personas sin órdenes judiciales y por motivos políticos, manteniéndolas incomunicadas por días o semanas. Tanto militares como civiles han sido arrestados sin el debido proceso, muchas veces en operativos clandestinos. En algunos casos, los detenidos permanecieron en paradero desconocido (figurando así como desapariciones forzadas) antes de ser presentados ante un tribunal. Por ejemplo, se documentó que agentes de la DGCIM capturaban a sospechosos o a sus familiares sin orden legal y negaban confirmar su detención por días (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). Amnistía Internacional advirtió que en Venezuela se registraron “detención arbitraria… y desaparición forzada de personas detenidas” en el contexto de la represión a la disidencia (Amnistía Internacional denunció nuevas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y casos de torturas en Venezuela – Infobae). Estos patrones violan garantías fundamentales y buscan sembrar miedo e incertidumbre.
- Torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes: la tortura sistemática ha sido la marca distintiva de la DGCIM en sus interrogatorios a detenidos. Los métodos documentados son brutales e incluyen golpizas prolongadas, asfixia con bolsas plásticas, descargas eléctricas en distintas partes del cuerpo, colgamientos por extremidades, privación del sueño, agua o alimentos, amenazas de muerte y simulacros de ejecución, entre otros (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch) (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). Un informe de Human Rights Watch detalló abusos aberrantes para forzar confesiones, como golpes, intento de ahogamiento con bolsas, cortes con hojas de afeitar en las plantas de los pies, choques eléctricos, negación de comida y baño, manteniendo a los detenidos incomunicados y sin atención médica (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). Estas prácticas han dejado severas secuelas físicas (fracturas, lesiones neurológicas, pérdida auditiva, etc.) y psicológicas en las víctimas. La tortura psicológica también ha sido empleada: se ha informado de amenazas contra familiares, simulacros de fusilamiento y otras formas de tormento mental para quebrar a los detenidos (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). En resumen, la DGCIM ha institucionalizado la tortura como mecanismo de castigo y obtención de información prohibido por el derecho internacional y la legislación venezolana vigente.
- Violencia sexual y de género: numerosos testimonios indican que agentes de la DGCIM han utilizado la violencia sexual como método de tortura y humillación. La Misión Independiente de la ONU documentó un “amplio uso de la violencia sexual y de género para torturar y humillar” por parte de la DGCIM (y del organismo civil SEBIN) contra detenidos políticos (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Entre los vejámenes reportados se incluyen desnudamientos forzados, violación y amenazas de violación, palizas dirigidas a genitales, descargas eléctricas en los órganos sexuales, abuso verbal de connotación sexual y otras formas de agresión sexual (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile). Por ejemplo, un informe de la ONU de 2022 relata que un jefe operativo de la DGCIM ordenaba y ejecutaba golpes y descargas eléctricas en los genitales de detenidos, además de obligarlos a permanecer desnudos, como parte de las sesiones de tortura (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile). Estas agresiones buscan degradar moralmente a la víctima y causarle trauma psicológico adicional, configurando tortura sexual. También se han documentado insultos de carácter homófobo o sexista durante los abusos (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). La utilización de la violencia sexual por la DGCIM constituye una violación gravísima de los derechos humanos, reconocida en informes internacionales.
- Muertes bajo custodia (asesinatos por tortura): en algunos casos, la brutalidad de los maltratos ha derivado en la muerte de detenidos bajo custodia de la DGCIM. El caso más emblemático es el del Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo, quien fue detenido en junio de 2019 acusado de conspiración. Tras una semana desaparecido, Acosta fue presentado ante un tribunal militar en silla de ruedas, con signos evidentes de tortura (golpes, uñas ensangrentadas, hinchazón extrema de pies, incapacidad de hablar o moverse) y falleció horas después en un hospital militar el 28 de junio de 2019 (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Una autopsia independiente reveló graves lesiones internas; había sido torturado en los calabozos de la DGCIM (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Además de Acosta, organizaciones como PROVEA señalaron que al menos 23 personas fallecieron en 2019 a consecuencia de torturas perpetradas por fuerzas de seguridad venezolanas (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA) –varias de ellas bajo custodia de cuerpos como la DGCIM. Estos asesinatos por tortura evidencian la letalidad de los abusos: golpes, asfixia u otros tormentos aplicados intencionalmente causaron la muerte de detenidos, lo cual configura ejecuciones extrajudiciales. La muerte de cualquier persona bajo custodia estatal, más aún por tortura, constituye la violación extrema del derecho a la vida y la integridad personal.
En síntesis, las violaciones cometidas por la DGCIM abarcan un patrón integral de represión violenta: desde la privación arbitraria de libertad y el secuestro encubierto de opositores, pasando por torturas físicas atroces y violencia sexual, hasta llegar en casos extremos al homicidio de detenidos. Esta conducta, lejos de ser aislada, ha sido recurrente y sistemática, tal como han denunciado consistentemente víctimas, organizaciones de derechos humanos y la ONU.

Períodos más críticos de actuación represiva
Si bien la DGCIM ha estado implicada en abusos desde el inicio del gobierno de Nicolás Maduro, los informes apuntan a que hubo períodos de represión especialmente intensos, vinculados a crisis políticas y temores de conspiraciones. En particular, los años 2017, 2018 y 2019 se destacan como etapas críticas de actuación represiva de la DGCIM:
- 2017: protestas masivas y comienzo de la “maquinaria” represiva. Este año Venezuela vivió protestas antigubernamentales generalizadas. Aunque la represión de manifestantes estuvo mayormente a cargo de fuerzas policiales y de orden público, la DGCIM comenzó a tener un rol creciente en la persecución de presuntos disidentes internos dentro de la FANB. Con las protestas de 2017 “se comenzaron a desvelar casos de tortura a militares, periodistas y civiles dentro de la sede del DGCIM”, que hasta entonces operaba con cierto secretismo. Es decir, a partir de 2017 salen a la luz denuncias de que la DGCIM detuvo y torturó no solo a militares sospechosos de deslealtad sino también a civiles (como comunicadores) vinculados a la protesta. Este año marcó el inicio de la participación directa de la contrainteligencia militar en la represión del disenso, en medio del estado de excepción decretado por Maduro que suspendía garantías constitucionales (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA).
- 2018: temor a golpes de Estado y oleada de torturas a militares. En 2018 la cúpula de Maduro enfrentó varios incidentes que alimentaron su temor a un alzamiento militar (como la asonada del ex-policía Óscar Pérez en enero, o el atentado con drones de agosto). En respuesta, la DGCIM desató una cacería de supuestos conspiradores dentro de las Fuerzas Armadas, lo que hizo que los militares se convirtieran ese año en el principal blanco de la tortura. De hecho, PROVEA reportó que en 2018 el 75% de las personas torturadas en Venezuela eran militares acusados de conspiración, y la DGCIM fue responsable de ese mismo porcentaje (75 casos de tortura), encabezando la lista de organismos victimarios (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual). Nunca antes los funcionarios castrenses habían sido mayoría entre las víctimas de tortura; PROVEA señala que por primera vez los miembros de la FANB encabezaron la lista de personas torturadas, debido al “creciente temor del gobierno… ante un posible alzamiento militar” (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual). La DGCIM se consolidó en 2018 como órgano de represión élite, aumentando exponencialmente su actividad: pasó de estar involucrada en pocos casos en 2017 a 431 violaciones a la integridad personal en 2018 (incluyendo torturas, tratos crueles, allanamientos ilegales, lesiones y amenazas) (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual). Es decir, 2018 vio una intensificación de la represión preventiva contra presuntos golpistas dentro y fuera del ejército, con la DGCIM a la cabeza de interrogatorios brutales para extraer información y sembrar miedo en las filas militares.
- 2019: crisis política y recrudecimiento de la represión sistemática. El año 2019 estuvo marcado por el auge de la oposición política (proclamación de Juan Guaidó como presidente interino en enero) y varios intentos de rebelión militar (por ejemplo, el levantamiento del 30 de abril de 2019). En este contexto, la DGCIM continuó actuando con dureza. De hecho, la Misión de la ONU identificó 2017, 2018 y 2019 como “los años de más detenciones” por motivos políticos (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS), lo que coincide con la agudización de la crisis venezolana. Durante 2019, según PROVEA, se registró un incremento dramático de víctimas de tortura a nivel general (un aumento de 526% respecto a 2018, llegando a 574 víctimas documentadas de tortura en el año) (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Aunque muchas de esas víctimas fueron presos comunes en el contexto de la emergencia humanitaria, los militares siguieron siendo el grupo más afectado por segundo año consecutivo (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Es en 2019 cuando ocurre el escandaloso asesinato del C/C Acosta Arévalo bajo tortura de la DGCIM (junio), generando condena internacional. Asimismo, tras la fallida insurrección de abril, la DGCIM y otros organismos detuvieron a decenas de oficiales sospechosos de apoyar a la oposición. La represión en 2019 fue tan estructurada que, en septiembre de 2022, la Misión de la ONU al presentar su informe señaló que había examinado 122 casos ocurridos en 2017-2019 como muestra de patrones sistemáticos (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). En resumen, 2019 cierra un trienio en el cual la DGCIM operó a máxima capacidad represiva, en abierta coordinación con el poder político para neutralizar desafíos tanto civiles como militares.
- 2020-2021: continuidad con menor visibilidad. Después de 2019, la intensidad de la represión disminuyó en visibilidad pública, en parte porque muchos líderes opositores habían sido encarcelados, exiliados o silenciados. Aun así, organismos de derechos humanos reportaron que las detenciones arbitrarias y torturas continuaron durante 2020 y 2021. Por ejemplo, Foro Penal contabilizó 93 casos de presunta tortura en 2020 ([PDF] La Justicia penal – Robert F. Kennedy Human Rights), y Amnistía Internacional señaló que durante la pandemia de COVID-19 el gobierno “incrementó su estructura represiva” para controlar a la población (Amnistía Internacional denunció nuevas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y casos de torturas en Venezuela – Infobae). La DGCIM siguió activa, aunque en 2020 su accionar se enfocó más en perseguir a militares involucrados en nuevas conspiraciones (como la fallida Operación Gedeón de mayo 2020) y vigilar la lealtad interna. Hacia 2021 y 2022, la presión internacional (con investigaciones de la CPI en curso) llevó al régimen a disminuir la ferocidad pública de la represión, pero los mismos patrones subsistieron de forma encubierta. La Misión de la ONU advirtió en 2022 que “las violaciones y crímenes del SEBIN y la DGCIM continúan hasta hoy”, con las mismas estructuras, dinámicas y prácticas que en años previos (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Esto sugiere que, aunque los periodos 2017-2019 fueron los más críticos, la maquinaria represiva de la DGCIM permanece operativa y lista para activarse cuando el poder político lo requiere.
En conclusión, la etapa 2017-2019 representó el clímax de la represión dirigida por la DGCIM, en paralelo al momento más desafiante para la estabilidad del gobierno de Maduro. La represión fue planificada y preventiva, buscando sofocar tanto la protesta ciudadana como cualquier intentona militar. Si bien tras 2019 ha habido un relativo descenso en el número de casos conocidos, la estructura represiva no ha sido desmantelada, por lo cual el riesgo de nuevas oleadas de abusos persiste mientras continúe la impunidad y la crisis política de fondo.

Perfil de las víctimas de la DGCIM
Las víctimas de las acciones de la DGCIM pertenecen a diversos sectores, aunque comparten su condición de percebidos “enemigos internos” o disidentes a los ojos del régimen. De acuerdo con la documentación recopilada, se pueden identificar los siguientes perfiles principales de víctimas:
- Militares (personal castrense activo o retirado): constituyen el grupo más numeroso y destacado entre las víctimas de la DGCIM. Bajo el gobierno de Maduro, muchos oficiales y tropa de la FANB fueron considerados potenciales conspiradores. La DGCIM se enfocó en ellos para neutralizar supuestas intentonas golpistas. Un 75% de los torturados en 2018 eran militares, según PROVEA (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual), y en 2019 nuevamente fueron el principal grupo afectado (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Las víctimas incluyen oficiales de diferentes rangos, desde tenientes y capitanes hasta coroneles y generales. Por ejemplo, entre los detenidos en junio de 2019 junto a Acosta Arévalo hubo dos coroneles retirados, un general de brigada, un teniente coronel y otros oficiales acusados de conspirar (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). También suboficiales y sargentos han sido blanco. Muchos de estos militares detenidos no habían participado en actos violentos, sino que fueron implicados por sospechas, denuncias anónimas o simples comentarios críticos. El patrón común fue la acusación de “traición a la patria”, “rebelión” o “conspiración” contra el gobierno (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch), cargos a menudo fabricados sin pruebas concretas según abogados defensores (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). Los militares detenidos eran usualmente incomunicados y torturados para obtener nombres de supuestos cómplices. En suma, militares desafectos o percibidos como desleales (incluyendo algunos vinculados a movimientos políticos opositores) han sufrido persecución sistemática. El objetivo ha sido infundir terror dentro de las filas armadas, envíando el mensaje de que cualquier disenso será brutalmente castigado (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual).
- Opositores civiles, activistas y exfuncionarios críticos: la DGCIM no se limitó a militares; civiles identificados con la oposición también fueron víctimas, especialmente si existía alguna conexión con fuerzas armadas o información sensible. Activistas políticos, dirigentes opositores y sus colaboradores han sido detenidos por la DGCIM (aunque la inteligencia civil SEBIN suele encargarse más de ellos, en algunos casos actuaron conjuntamente). En 2018, por ejemplo, la DGCIM detuvo y torturó a civiles acusados de colaborar con Óscar Pérez –un ex policía insurgente– para extraer información (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). También se reporta la detención de policías y ex-policías considerados desafectos. Algunos civiles fueron presentados ante tribunales militares, evidenciando la confusión de jurisdicciones en la persecución política (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). Adicionalmente, periodistas, médicos y trabajadores humanitarios han sido detenidos por este organismo cuando sus actividades chocaban con intereses militares o del gobierno. Por ejemplo, en 2018 el doctor José Alberto Marulanda, un cirujano civil, fue detenido y torturado por la DGCIM debido a su relación sentimental con una oficial de la Armada vinculada a la oposición (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae). Marulanda sufrió graves lesiones (daños neurológicos en las manos, pérdida auditiva) a causa de las torturas (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae). Del mismo modo, periodistas como Luis Carlos Díaz (detenido brevemente en 2019) o abogados de derechos humanos han sido blancos cuando investigaban temas sensibles de seguridad. Estas víctimas civiles comparten haber sido consideradas “amenazas” al poder por difundir información, organizar protestas o simplemente por sus vínculos con militares disidentes.
- Familiares de presuntos conspiradores: un rasgo particularmente cruel de la represión de la DGCIM ha sido la retaliación contra familiares de las personas buscadas, cuando éstas no podían ser halladas. Human Rights Watch documentó casos en que hijos, padres, esposas u otros parientes de militares sospechosos fueron detenidos y maltratados para presionar al buscado a que se entregue o revelar su paradero (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). Estas detenciones de familiares (que no tenían ninguna acusación formal) sirvieron como mecanismo de coacción y castigo colectivo. Un ejemplo es el caso de Ariana Granadillo, estudiante de 21 años sin militancia, detenida arbitrariamente en 2018 por ser sobrina de un militar investigado. Ariana fue secuestrada, vendada, golpeada y asfixiada con bolsas por la DGCIM para que revelara información sobre su tío –información que no poseía– (Military Intelligence Agencies Torture Dissidents’ Relatives in Venezuela | Human Rights Watch). La mantuvieron incomunicada junto a sus padres por una semana y luego la liberaron sin cargos (Military Intelligence Agencies Torture Dissidents’ Relatives in Venezuela | Human Rights Watch). Granadillo no es un caso aislado; otras familias han vivido situaciones similares de hostigamiento y tortura extorsiva por parte de la DGCIM (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). Este patrón viola múltiples normas (como la prohibición de castigos colectivos y la protección de inocentes), demostrando la disposición del organismo a “ir tras familiares u otros civiles” asociados a los buscados (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch).
- Víctimas indirectas y entorno: además de los detenidos directamente torturados, existe un amplio grupo de víctimas indirectas: familiares traumatizados por la desaparición o tortura de sus seres queridos, comunidades intimidadas por las redadas, y, en general, un clima de terror que afecta a compañeros de armas de los torturados (quienes deben presenciar el escarmiento). Por ejemplo, tras casos como la muerte del C/C Acosta, muchos militares temieron por su propia seguridad, y algunos huyeron del país. Del mismo modo, abogados de presos políticos y defensores de derechos humanos se convirtieron en víctimas de amenazas de la DGCIM cuando denunciaban los atropellos. Se han reportado amenazas de muerte o vigilancia a abogados de Foro Penal que asisten a detenidos por este organismo (Military Intelligence Agencies Torture Dissidents’ Relatives in Venezuela | Human Rights Watch). Todo esto evidencia que el impacto de las violaciones trasciende a la víctima inmediata, extendiendo el daño a su círculo y a la sociedad.
En resumen, el perfil de las víctimas de la DGCIM abarca tanto a militares como a civiles, unidos por su oposición real o percibida al gobierno. Predominan los militares acusados de conspirar (por el valor estratégico de neutralizarlos), pero también activistas, profesionales o incluso familiares inocentes han sufrido detenciones y torturas. La selección de víctimas responde a criterios de represalia política y obtención de información, más que a hechos delictivos comprobados. Todas estas personas comparten haber sido criminalizadas como “enemigos internos” y objeto de castigos ejemplarizantes para disuadir futuras disidencias.

Centros de detención y tortura clave de la DGCIM
Las violaciones cometidas por la DGCIM ocurrieron en una serie de centros de detención oficiales y clandestinos vinculados a este organismo. Varias sedes y lugares encubiertos han sido identificados como escenarios donde se perpetraron torturas y otros abusos. Entre los centros de detención clave asociados a la DGCIM destacan:
- Sede principal de la DGCIM en Boleíta (Caracas): ubicada en Boleíta Norte, Caracas, es el cuartel general de la DGCIM y ha fungido como centro neurálgico de detención e interrogatorios. En sus calabozos (particularmente en el sótano) permanecen la mayoría de los detenidos políticos bajo custodia militar. La gran mayoría de los casos de tortura documentados por la ONU ocurrieron en la sede de Boleíta (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). La Misión de la ONU reportó 122 víctimas sometidas a tortura, violencia sexual u otros tratos crueles entre 2014 y 2021, muchas de ellas en los sótanos de Boleíta (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Sobrevivientes describen celdas de aislamiento, condiciones insalubres y guardias crueles en este recinto. Boleíta es mencionado recurrentemente en testimonios como el lugar donde las víctimas fueron golpeadas, asfixiadas y sometidas a descargas eléctricas antes de ser trasladadas a tribunales. Este edificio se ha ganado la reputación de ser un centro de tortura institucionalizado, al punto que algunos lo equiparan en infamia a “El Helicoide” (la sede de la policía SEBIN). A pesar de su ubicación conocida, dentro de Boleíta la DGCIM operó con opacidad, impidiendo visitas independientes. Es en Boleíta donde ocurrieron torturas notorias como las del Cap. Acosta Arévalo y donde se retuvo a innumerables oficiales acusados de complot. En síntesis, la sede de la DGCIM en Caracas ha sido el epicentro físico de los abusos, funcionando tanto como cárcel clandestina como centro de inteligencia.
- Red de “casas clandestinas” y sitios encubiertos: además de sus instalaciones oficiales, la DGCIM estableció un conjunto de ubicaciones secretas para llevar a cabo torturas lejos de miradas indiscretas. Una investigación de la ONU en 2022 reveló la existencia de al menos 17 centros de detención encubiertos (casas de seguridad, galpones, quintas u oficinas no identificadas públicamente) utilizados por los servicios de inteligencia (DGCIM y SEBIN) para interrogatorios bajo tortura (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). Estos lugares operaban en la sombra, fuera de cualquier control judicial o fiscalización. Entre ellos se han identificado, por testimonios, sitios conocidos por seudónimos:
- “El Cerro”: un paraje a unos 30 minutos de la sede de Boleíta, mencionado por ex detenidos. Allí los agentes llevaban a algunos prisioneros con la cabeza cubierta, les daban palas para cavar supuestas tumbas y simulaban ejecutarlos (disparando al aire) para aterrorizarles (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). Tras el simulacro, los devolvían a las celdas en Boleíta. Esta macabra práctica psicológica buscaba quebrar totalmente la voluntad de la víctima, haciéndole creer que sería asesinada.
- “La Mariposa”: nombre dado a una casa ubicada en la zona de La Mariposa, un suburbio de Caracas, empleada por la DGCIM como centro clandestino de detención (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). Un testigo narró que estando detenido allí, oyó cómo en la misma habitación otro cautivo suplicaba por su vida, tras lo cual escuchó un disparo y el sonido de un cuerpo cayendo al piso (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). Los agentes de la DGCIM presentes se rieron y lanzaron insultos homofóbicos antes de llevar de vuelta al testigo a Boleíta (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). Este relato sugiere que en La Mariposa pudo incluso haberse ejecutado extrajudicialmente a algún detenido, o al menos se simuló una ejecución frente a otros detenidos, utilizando el miedo como tormento.
- Otras “casas de los sueños” u ubicaciones secretas: se mencionan galpones, quintas y hasta oficinas de ministerios desocupadas, adaptadas como calabozos temporales (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS) Por seguridad de testigos no todas han sido descritas en detalle, pero se hallaban diseminadas en distintos estados del país, conformando una red clandestina nacional (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). En ellas la DGCIM podía interrogar con mayor libertad, lejos de cualquier eventual inspección. Algunas estaban dentro de instalaciones militares, otras en zonas rurales apartadas.
- Centros de detención militares formales: luego de ser torturados e “instruidos” en Boleíta u otros sitios, varios detenidos de la DGCIM eran trasladados a cárceles militares oficiales para su reclusión prolongada. Un ejemplo es la Prisión de Ramo Verde (Centro Nacional de Procesados Militares), en Los Teques, que aunque administrada por otra instancia, alojó a muchos presos entregados por la DGCIM. Varios oficiales y civiles arrestados por la DGCIM terminaron en Ramo Verde (como el Dr. Marulanda, enviado allí tras su tortura inicial (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae)) o en la cárcel de La Pica (Monagas), entre otras. No obstante, las torturas más graves ocurrieron antes de llegar a estas prisiones, durante la custodia “preventiva” en sedes de la DGCIM o sus casas clandestinas. En los centros formales, los maltratos podían continuar en forma de tratos crueles o negación de atención médica, pero la fase más brutal solía ser previa.
En resumen, la DGCIM operó tanto en instalaciones oficiales (como su cuartel de Caracas) a la vista, como en una red oculta de locales no oficiales para infligir tormentos lejos de cualquier escrutinio. Esta combinación le permitió mantener cierta negabilidad mientras desplegaba un sistema de centros de tortura itinerantes. Los testimonios reunidos por organismos internacionales demuestran que la sede de Boleíta y al menos 16-17 ubicaciones secretas fueron escenarios centrales de crímenes aberrantes (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS) (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). La existencia de esta infraestructura clandestina evidencia la planificación deliberada para ejecutar violaciones de derechos humanos de manera encubierta, diluyendo la responsabilidad y evitando ser detectados. Pese a las denuncias, estos sitios operaron con total impunidad, y algunos podrían seguir activos. Identificar y desmantelar esta red de centros clandestinos es clave para frenar la práctica sistemática de la tortura en Venezuela.
Responsables y actores implicados en los abusos
La cadena de violaciones de derechos humanos de la DGCIM involucra a diferentes niveles de responsabilidad, desde los más altos cargos que diseñaron u ordenaron la represión, hasta los agentes que ejecutaron directamente los abusos, pasando también por funcionarios que los facilitaron o encubrieron (por ejemplo, personal médico o judicial cómplice). Diversos informes han señalado con nombre y apellido a varios presuntos responsables o implicados en estas violaciones, entre ellos:
- Nicolás Maduro y cúpula gubernamental: si bien el propio Maduro no es parte de la DGCIM, la Misión de la ONU concluyó que el plan represivo fue orquestado por él y otros altos mandos civiles. Las investigaciones señalan que las órdenes para reprimir mediante crímenes de lesa humanidad provinieron del nivel más alto (Presidencia) (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Maduro, como Comandante en Jefe, habría instruido a la DGCIM a actuar sin cuartel contra supuestos conspiradores. Asimismo, en algunos casos se menciona la influencia de Diosdado Cabello (diputado y entonces vicepresidente del partido gobernante), quien tendría injerencia especialmente sobre el SEBIN, pero también apoyó la línea dura en DGCIM (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Un testigo protegido incluso implicó a Cabello en ordenar represalias contra exmilitares disidentes en el exterior, coordinando con agentes de la DGCIM (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile). En definitiva, la cúpula política estuvo al tanto e involucrada: las violaciones no fueron excesos aislados sino parte de una política aprobada por el más alto nivel del Estado.

- Mayor General Iván Hernández Dala: fue el Director General de la DGCIM durante la mayor parte del periodo en cuestión (nombrado en 2014), además de jefe de la Guardia de Honor Presidencial. Es considerado el principal operador de confianza de Maduro dentro de la contrainteligencia. La Misión de la ONU señaló explícitamente a Iván Hernández como responsable en la cúspide de la DGCIM (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Bajo su mando, la DGCIM ejecutó las políticas represivas denunciadas. Hernández Dala reportaba directamente a la Presidencia (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae), lo que asegura que Maduro supervisaba de cerca sus operaciones. Según informes, Hernández Dala fue mantenido en el cargo por años a pesar de las denuncias, y solo fue removido en 2022-2023 en una rotación, pero continuó ocupando puestos de confianza. Ha sido sancionado internacionalmente (EEUU, UE, Canadá) por su rol en torturas. Como cabeza de la DGCIM, se le atribuye responsabilidad de mando: es decir, haber permitido, alentado o no prevenido los crímenes cometidos por sus subalternos. A la fecha, Hernández Dala no ha rendido cuentas ante la justicia venezolana.
- Alexander Enrique Granko Arteaga: Teniente Coronel (GN) y jefe de la Unidad de Asuntos Especiales de la DGCIM, un grupo táctico élite encargado de operativos sensibles. Granko es uno de los nombres más temidos por las víctimas, al punto de ser apodado “el torturador de Maduro”. De acuerdo con testimonios, Granko participaba personalmente en las sesiones de tortura, a veces sin cubrirse el rostro, propinando golpes, aplicando choques eléctricos a los detenidos e impartiendo órdenes a sus subordinados (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile). La ONU documentó que bajo sus órdenes se cometieron actos de violencia sexual, como descargas eléctricas en genitales y desnudez forzada de prisioneros (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile). Granko gozaba de gran poder interno y respondía directamente a Hernández Dala, con quien tenía cercanía personal (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile), así como vínculos con Diosdado Cabello. Ha sido señalado en casos emblemáticos de tortura y también vinculado a operaciones internacionales (se investiga su participación en el secuestro y asesinato de un exmilitar venezolano en Chile en 2023) (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile). Granko también figura en listas de sancionados por varios países. Su caso ilustra la responsabilidad de agentes operativos de alto nivel: no solo cumplía órdenes, sino que mostró saña personal en la ejecución de abusos.

- Coronel Hannover Esteban Guerrero Mijares: antiguo alto funcionario de la DGCIM. Fue director de Investigaciones u ocupó un cargo relevante en la estructura del organismo (reportes lo mencionan como posible jefe de la sede de Boleíta en cierto periodo). La Misión de la ONU incluyó a Hannover Guerrero como responsable en la cadena de mando de la DGCIM durante los años de violaciones sistemáticas (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Presuntamente supervisó operaciones y autorizó métodos violentos contra detenidos. Su nombre ha sido referido en algunas denuncias locales de torturados, aunque menos conocido públicamente que Hernández o Granko. Al igual que otros, no enfrentó consecuencias; por el contrario, informes indican que varios funcionarios implicados “en algunos casos han sido promovidos” en sus carreras (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae).
- General Rafael Antonio Franco Quintero: ocupó puestos directivos en la DGCIM (se le identifica como ex Director de Investigaciones de la DGCIM en 2014-2015, y luego agregado militar). La misión de la ONU lo señaló como otro de los antiguos responsables del organismo vinculado a los abusos (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Franco Quintero fue mencionado en casos de detenciones de militares en 2014 y 2015 (por ejemplo, en la desarticulación de una supuesta conspiración llamada “Golpe Azul”). Su inclusión en los informes sugiere que ya desde años tempranos de la represión marcó lineamientos duros. También fue sancionado por EE.UU. en 2019 por violaciones de derechos humanos. Es parte de la estructura de mando histórica de la DGCIM que sentó las bases para las posteriores acciones sistemáticas.
- Otros agentes y funcionarios operativos: a nivel medio y bajo, muchos agentes de la DGCIM participaron directamente en los crímenes. Entre ellos sobresalen nombres por casos específicos, por ejemplo:
- Ascanio Tarascio y Estiben Zárate: funcionarios de la DGCIM que fueron identificados como los custodios responsables de las torturas letales contra Rafael Acosta Arévalo. En un caso excepcional, fueron llevados a juicio y condenados (septiembre 2019), pero por el delito menor de homicidio preterintencional y con una pena leve de 6 años y 8 meses, a cumplir irónicamente en la misma sede de la DGCIM (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Esta sentencia fue ampliamente criticada por encubrir la tortura y brindar impunidad de facto (pena muy por debajo de los 15-25 años que prevé la ley anti-tortura) (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Tarascio y Zárate serían apenas dos ejecutores de un engranaje más amplio; su caso demuestra que solo niveles subalternos cargaron con una responsabilidad limitada, mientras superiores quedaron impunes.
- Yhonny Augusto Campos, Carlos Enrique Andrade y otros: nombres mencionados en testimonios de víctimas como torturadores directos (golpeadores, quienes aplicaban electricidad, etc.). Por ejemplo, en algunas querellas se citan apodos o nombres de agentes de campo. Sin embargo, la mayoría no han sido públicamente identificados en informes internacionales, quedando en el anonimato institucional.
- Médicos y personal de salud cómplice: un aspecto menos visible pero real es la complicidad de ciertos médicos forenses o personal de salud militar en encubrir la tortura. Un caso documentado es el del Dr. Freddy López, médico forense del Estado, quien presuntamente alteró un informe médico legal para ocultar las lesiones de tortura sufridas por el Dr. José Marulanda, detenido por la DGCIM (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae). Inicialmente, otra forense (Dra. Luisa Martínez) había dejado constancia de los signos evidentes de tortura en el cuerpo de Marulanda, pero al descubrirse ese informe, el director de la medicatura ordenó reemplazarlo por uno falso firmado por López, indicando que el detenido no presentaba lesiones (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae). Además, se denunció que los forenses eran obligados a evaluar a los presos dentro de la DGCIM, en presencia de los mismos torturadores, impidiendo que los pacientes hablasen libremente (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae). Este nivel de participación revela una red de encubrimiento: médicos que deberían documentar la tortura fueron presionados para silenciarla. También se ha señalado la posible presencia de médicos militares o paramédicos durante las torturas para reanimar a los detenidos y prolongar el sufrimiento sin matarlos (práctica común en torturas sistemáticas), aunque casos específicos no han salido a luz pública. La colaboración forense permitió que la DGCIM negara abusos, destruyendo pruebas físicas.
En suma, la responsabilidad por las violaciones de la DGCIM es amplia y escalonada. En el vértice se halla la dirigencia política (Maduro y allegados) que concibió y ordenó la represión; en la cúspide institucional, los jefes de la DGCIM (Hernández Dala, Franco, Guerrero) que implementaron esas órdenes; en el plano operativo, oficiales como Granko que dirigieron y ejecutaron torturas; y en roles auxiliares, otros agentes y profesionales (forenses, jueces militares complacientes, etc.) que facilitaron o encubrieron los crímenes. Todos ellos han operado con impunidad hasta la fecha, sin investigaciones imparciales en Venezuela. Identificar a estos responsables es esencial para la rendición de cuentas. De hecho, la Misión de la ONU detalló cómo personas en distintos niveles de la cadena de mando ejecutaron el plan orquestado por Maduro para reprimir a la oposición, mediante actos de tortura que constituyen crímenes de lesa humanidad (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Lamentablemente, como veremos, el Estado venezolano no ha llevado ante la justicia a la mayoría de estos perpetradores, consolidando una preocupante estructura de impunidad.

Documentación de organismos internacionales y ONGs venezolanas
Las denuncias contra la DGCIM se apoyan en una sólida base de documentación elaborada por organismos internacionales de derechos humanos y organizaciones no gubernamentales venezolanas, que han investigado y difundido estos casos. A continuación, se resumen algunos de los informes más destacados que corroboran las violaciones de la DGCIM:
- Organización de las Naciones Unidas (ONU):
- Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos (Michelle Bachelet): tras su visita a Venezuela, la Alta Comisionada Bachelet publicó en julio de 2019 un informe señalando torturas, ejecuciones extrajudiciales y otros abusos. Su oficina advirtió que en Venezuela “existían patrones de detenciones arbitrarias, tortura y malos tratos, y que el gobierno negaba la magnitud del problema” (Bachelet denuncia torturas y ejecuciones en el Gobierno de Maduro …) (Misión internacional independiente de determinación de los hechos …). En 2020 y 2021 la oficina de Bachelet continuó monitoreando e informó que no cesaban las denuncias de torturas, incluyendo las atribuidas a la DGCIM, y exhortó al régimen a enjuiciar a los responsables.
- Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos (FFM): este equipo investigativo, establecido por el Consejo de DDHH de la ONU, ha presentado varios informes (2020, 2021, 2022) con hallazgos contundentes. En su tercer informe anual (septiembre 2022), la Misión concluyó que los servicios de inteligencia venezolanos (DGCIM y SEBIN) cometieron violaciones sistemáticas que constituyen crímenes de lesa humanidad (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Afirmó que esas torturas “no fueron actos aislados, sino parte de una maquinaria y un plan orquestado por el gobierno para reprimir la disidencia” (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). La FFM documentó 122 casos de víctimas de tortura, violencia sexual u otros tratos crueles a manos de agentes de la DGCIM en Boleíta y en la red de centros clandestinos (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). También identificó por nombre a altos funcionarios involucrados (Maduro, Hernández Dala, Granko, etc.) (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae) y detalló la cadena de mando. Sus conclusiones señalan la responsabilidad del Estado en su conjunto y la ausencia de justicia (indicando que ni se ha reparado a las víctimas ni se ha reformado efectivamente el sistema) (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Este trabajo de la ONU es quizás la documentación internacional más exhaustiva, con 400 páginas de detalles, entrevistas a víctimas y ex funcionarios, y un claro llamado a la rendición de cuentas.
- Human Rights Watch (HRW):
La organización humanitaria con sede en Nueva York ha seguido la situación de Venezuela por años. En enero de 2019, HRW junto a la ONG Foro Penal publicó un informe titulado “Venezuela: Tortura de acusados de conspiración”, que expone 32 casos de militares y civiles detenidos y torturados por agencias de inteligencia, principalmente la DGCIM (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). HRW describió con detalle los métodos de tortura (golpes, asfixia, electricidad, etc.) y destacó que los familiares de sospechosos también fueron detenidos y abusados para dar con el paradero de otros buscados (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch) (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). El informe subraya que estos abusos seguían un patrón uniforme desde al menos 2014, demostrando que no eran casos aislados sino prácticas generalizadas y toleradas por las autoridades (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch). HRW también ha emitido comunicados sobre casos individuales (como el de la joven Ariana Granadillo, ya mencionado) para ejemplificar la crueldad de la DGCIM (Military Intelligence Agencies Torture Dissidents’ Relatives in Venezuela | Human Rights Watch). En 2020, HRW publicó el informe “Arremetida contra opositores: Brutalidad, tortura y persecución política en Venezuela”, que amplía la documentación de torturas tanto en contextos de protestas como contra militares disidentes (Arremetida contra opositores: Brutalidad, tortura y persecución …). Estos informes de HRW aportan verificación independiente y un enfoque legal (analizan violaciones a convenciones de derechos humanos) que complementa los hallazgos de la ONU. Sus recomendaciones han instado a sanciones internacionales e investigaciones penales contra los responsables si Venezuela no actúa.
- Amnistía Internacional (AI):
Amnistía ha denunciado consistentemente la represión en Venezuela. En su informe anual 2020/21, señaló que “la detención arbitraria siguió formando parte de la política de represión contra la disidencia” y reportó nuevos casos de tortura y desaparición forzada de detenidos políticos (Amnistía Internacional denunció nuevas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y casos de torturas en Venezuela – Infobae). AI calificó la situación venezolana como “una crisis continuada de derechos humanos”. Adicionalmente, Amnistía publicó en 2019 el informe “Hambre de Justicia: Crímenes de lesa humanidad en Venezuela”, donde si bien se centró en ejecuciones extrajudiciales de la policía, también incluyó casos de tortura de presos políticos, reclamando acción de la Corte Penal Internacional. En 2021, AI difundió un comunicado destacando que durante la pandemia el gobierno de Maduro incrementó la maquinaria represiva en lugar de cesarla (Amnistía Internacional denunció nuevas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y casos de torturas en Venezuela – Infobae). La organización ha hecho llamados directos: por ejemplo, su capítulo venezolano urgió a investigar las denuncias de violencia sexual contra mujeres detenidas en SEBIN y DGCIM (Derecho de las mujeres | By Amnistía Internacional Venezuela). Amnistía proporciona validación global a las denuncias locales y ha emprendido campañas por presos torturados emblemáticos, lo que ha ayudado a visibilizar el rol de la DGCIM.
- Organizaciones venezolanas de derechos humanos:
Varias ONGs nacionales han documentado estos abusos arriesgando la seguridad de sus miembros. Entre ellas:- PROVEA (Programa Venezolano de Educación–Acción en DDHH): ha incluido la situación de tortura en sus Informes Anuales. En su Informe Anual 2018, PROVEA advirtió que la tortura estaba creciendo de forma alarmante y que la DGCIM encabezaba la lista de organismos torturadores con 75 casos ese año (75% del total) (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual). Indicó que ese aumento respondía al miedo gubernamental a un alzamiento castrense (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual). En el Informe Anual 2019, PROVEA habló de “terrorismo de Estado” al registrar cientos de víctimas y 23 muertos por tortura, atribuyendo al CICPC y DGCIM los mayores números (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). PROVEA relató con detalle la muerte del C/C Acosta y calificó de insuficiente la condena menor dada a dos agentes, considerándola un intento de eludir la responsabilidad por tortura y un estímulo a la impunidad (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). PROVEA también ha elaborado material periodístico como el documental “La República que Tortura”. Su labor ha sido crucial para aportar cifras y casos individualizados que sustentan las denuncias.
- Foro Penal: organización de abogados que asiste a presos políticos. Ha llevado el registro de detenidos políticos (más de 15.700 detenciones por motivos políticos desde 2014) y documentado decenas de casos de tortura. Sus reportes fueron insumo para HRW y la OEA. Foro Penal ha denunciado que las víctimas de tortura enfrentan enormes trabas judiciales y que prácticamente ningún torturador de la DGCIM ha sido condenado adecuadamente. También presentó informes al Fiscal de la Corte Penal Internacional enumerando casos de tortura sistemática.
- CASLA Institute: organización dirigida por Tamara Sujú, ha entregado a la OEA y la CPI informes especializados sobre tortura en Venezuela. Por ejemplo, el Informe CASLA 2019 describió patrones de tortura del DGCIM con participación de asesores cubanos y listó métodos (posiciones de estrés, uso de sustancias químicas, violencia sexual, etc.) (Tortura sistemática en venezuela 2019 y la partición de cubanos en los patrones de tortura). CASLA ha revelado la existencia de manuales y entrenamientos en tortura, y ha aportado videos y testimonios a la OEA. En 2018, una panel de expertos de la OEA determinó que había base para crímenes de lesa humanidad, citando torturas de la DGCIM entre la evidencia.
- Otros: organizaciones como Cofavic, Centro para los Defensores y la Justicia, Causal 18, etc., han contribuido con documentación de contexto y apoyo a víctimas. Por ejemplo, el Observatorio Venezolano de Prisiones ha denunciado torturas en cárceles militares. El aporte de estas ONGs locales ha sido vital para registrar casos en tiempo real y asistir legalmente a las víctimas, a pesar de la persecución gubernamental contra defensores.
En conclusión, existe una amplia y consistente documentación sobre las violaciones de la DGCIM, producida tanto por entes internacionales neutrales (ONU), organizaciones globales de prestigio (HRW, AI), como por ONGs venezolanas especializadas. Todas coinciden en la naturaleza sistemática de los abusos y en la responsabilidad estatal en permitirlos. Los hallazgos de la Misión de la ONU en 2020-22 –que incluyen declaraciones de que el Estado venezolano usó a la DGCIM para cometer actos de tortura y violencia sexual como política de Estado (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae)– consolidan lo que las ONGs denunciaban desde antes: que en Venezuela se instaló un patrón de tortura institucionalizada, con la DGCIM como uno de sus principales perpetradores. Esta convergencia de pruebas ha motivado pronunciamientos en la OEA, Naciones Unidas y un examen preliminar (ya investigación formal) en la Corte Penal Internacional sobre posibles crímenes de lesa humanidad en Venezuela relacionados con estos hechos.

Reacción del Estado venezolano ante las denuncias
La respuesta del Estado venezolano frente a estas graves denuncias de violaciones de derechos humanos por parte de la DGCIM ha sido ampliamente insuficiente y caracterizada por la negación, la inacción y la impunidad. Pese a la abrumadora evidencia, el régimen de Nicolás Maduro no ha emprendido investigaciones exhaustivas ni sancionado a la mayoría de los responsables de torturas y abusos. A continuación, se examina la reacción (o falta de ella) del Estado en distintos ámbitos:
- Negación sistemática y justificaciones oficiales: el gobierno de Maduro ha negado pública y consistentemente que exista una política de torturas. Altos voceros, como el fiscal general designado Tarek William Saab, suelen referirse a los casos denunciados como “hechos aislados” o montajes de la oposición. Maduro en discursos ha llegado a decir que en Venezuela se respetan los derechos humanos y que se investiga cualquier exceso, pese a que los informes internacionales indican lo contrario (Bachelet denuncia torturas y ejecuciones en el Gobierno de Maduro …) (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Cuando Michelle Bachelet presentó su informe en 2019, el gobierno inicialmente firmó un Memorando de Entendimiento con la ONU y accedió a algunas visitas y liberaciones puntuales de presos, pero al mismo tiempo descalificó muchas de las acusaciones, afirmando que eran exageradas o basadas en testimonios falseados. La Misión de la ONU reportó en 2022 que las autoridades (incluido Maduro) “no respondieron” a sus consultas y llamados para dar su versión o colaborar en las investigaciones (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Esta falta de cooperación muestra la actitud de cerrarse al escrutinio. En resumen, oficialmente el Estado niega la sistematicidad de la tortura y no ha reconocido responsabilidad institucional, manteniendo un discurso de aparente respeto a la ley que contrasta con la realidad documentada.
- Acciones judiciales limitadas (casos aislados): hasta ahora, solo en contadas ocasiones el Estado ha procesado a funcionarios de la DGCIM por abusos, y cuando lo hizo fue de manera limitada. El caso paradigmático es el del asesinato por tortura del Cap. Rafael Acosta Arévalo: ante la presión internacional por su muerte, la Fiscalía imputó a dos funcionarios subalternos (Arrieta Tarascio y Zárate) pero por cargos menores (homicidio involuntario) en lugar de tortura o homicidio calificado (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). El resultado fue una sentencia benigna de ~6 años, muy por debajo de lo estipulado por la ley anti-tortura (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). PROVEA criticó que la sentencia “intentó eludir la responsabilidad en otro caso de asesinato por torturas”, estimulando la repetición de estos crímenes (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Fuera de este caso, se conocen pocas acciones más: en algunos informes oficiales, el Fiscal Saab ha mencionado procesos contra unos cuantos funcionarios de seguridad por violaciones de DDHH, pero no hay registro de condenas contra ningún alto jefe de la DGCIM ni por la plétora de torturas denunciadas. Por ejemplo, no se ha enjuiciado a Hernández Dala, ni a Granko, ni a otros identificados por víctimas. Tampoco se investigó la muerte sospechosa de un detenido en La Mariposa narrada en el informe de la ONU (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS). En tribunales militares, varias denuncias de tortura realizadas por los propios acusados fueron ignoradas o desestimadas por los jueces. En síntesis, la respuesta penal interna ha sido prácticamente nula: unos pocos chivos expiatorios de bajo rango y ningún proceso serio que escale mandos o desenmascare patrones.
- Promesas de reforma y cambios cosméticos: en respuesta a las críticas, el gobierno de Maduro ha anunciado algunas medidas de papel. En 2021 impulsó una supuesta “revolución judicial” y reformas al sistema de justicia para descongestionar cárceles y revisar casos de detención prolongada. Sin embargo, la Misión de la ONU afirmó que esas reformas no solucionaron la falta de independencia ni imparcialidad del sistema judicial (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). No se tocaron las raíces de la impunidad. Asimismo, se creó en 2021 una Comisión Presidencial para la Reforma Policial y un comité de derechos humanos gubernamental, pero estos organismos no han reportado avances concretos en casos de tortura de la DGCIM. En ocasiones, el fiscal Saab ha publicitado la acusación de funcionarios por violar derechos humanos, pero la mayoría de esos casos se refieren a policías de bajo nivel involucrados en delitos comunes o a miembros de la FAES (cuerpo policial) tras su disolución, no a la DGCIM. De hecho, ninguno de los principales torturadores de la DGCIM ha sido destituido o castigado públicamente; al contrario, como indicó la ONU, muchos siguen en sus puestos e incluso fueron ascendidos (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Por ejemplo, tras denuncias en 2018, el entonces director Hernández Dala permaneció años en el cargo; el propio Granko continuó activo en 2023. Los cambios que han ocurrido (remoción de Hernández en 2022) parecen obedecer más a reacomodos internos de poder que a sanciones por abusos.
- Impunidad y respaldo a perpetradores: En términos generales, la reacción estatal se resume en impunidad estructural. La falta de castigo ha enviado un mensaje de respaldo tácito a los perpetradores. La estructura institucional favorece el encubrimiento: la Defensoría del Pueblo (encargada teóricamente de velar por DDHH) ha minimizado las denuncias; la Fiscalía actúa selectivamente; y los jueces suelen ser dóciles al Ejecutivo. La Misión de la ONU señaló que las autoridades “no hicieron rendir cuentas a los autores” ni repararon a las víctimas (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae), lo cual reafirma la existencia de una política o plan para tolerar y encubrir abusos (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). Además, el Estado ha obstaculizado la documentación: a familiares se les niegan a veces los reportes forenses verdaderos, como en el caso Marulanda (Un forense cambió la experticia original para borrar las torturas del doctor Marulanda en la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana – Infobae), y no hay acceso a las instalaciones de detención para observadores independientes (salvo una breve visita de Bachelet a El Helicoide en 2019, pero ninguna a Boleíta). Todo esto crea un clima de impunidad garantizada. Un comisionado de la ONU, Francisco Cox, lo describió como un “clima de total impunidad” en el que los perpetradores operan sin temor a consecuencias (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae).
- Contraataque y propaganda: por otro lado, el gobierno ha buscado desacreditar a las voces denunciantes. Ha tildado a las ONG nacionales de ser “agentes extranjeros” o a las víctimas de conspirar para dañar la imagen del país. En foros internacionales, los delegados de Venezuela niegan las conclusiones de la FFM y alegan que hay una “campaña mediática”. Incluso han presentado informes propios alegando violaciones de DDHH en otros países para desviar la atención. En 2022, cuando se renovó el mandato de la Misión de la ONU, Venezuela intentó sin éxito que no se prorrogara, indicando su disgusto con ese escrutinio. No obstante, no han logrado desmontar las evidencias acumuladas.
En conclusión, la reacción del Estado venezolano ha sido mayoritariamente de negación y encubrimiento, con muy escasas acciones punitivas reales. Las investigaciones internas han sido inexistentes o simuladas, las promesas de reforma no se han traducido en cambios efectivos, y prevalece la impunidad para la DGCIM. Lejos de depurar al organismo, el gobierno lo ha mantenido operando con las “mismas estructuras, dinámicas y prácticas” hasta la actualidad (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae), lo que implica una suerte de aprobación tácita. Esta falta de justicia nacional es la que ha llevado a que instancias internacionales –como la Corte Penal Internacional– intervengan ante la posible comisión impune de crímenes de lesa humanidad. Hasta el momento, el Estado venezolano no ha brindado una respuesta satisfactoria a las víctimas, consolidando un preocupante cuadro de impunidad institucionalizada.

Relación de la DGCIM con el poder político y su rol en la represión del disenso
La DGCIM no actúa de forma aislada; por el contrario, está orgánicamente ligada al poder político en Venezuela, funcionando como uno de sus pilares para el control interno, especialmente dentro del ámbito militar. Varias características definen la relación estructural de la DGCIM con el régimen de Maduro y explican su rol protagónico en reprimir el disenso tanto militar como civil:
- Dependencia directa de la Presidencia: a diferencia de otros organismos que pueden tener cierta autonomía formal, la DGCIM depende verticalmente del Presidente de la República en su cadena de mando. El informe de la Misión de la ONU resalta que la DGCIM (al igual que el SEBIN) tiene un director que reporta directamente a la Presidencia (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). En la práctica, esto significa que sus operaciones están alineadas con las directrices políticas de Miraflores (sede de gobierno). Nicolás Maduro, heredero de la influencia de Hugo Chávez sobre la FANB, ha utilizado a la contrainteligencia militar como herramienta personal para garantizar su seguridad y la lealtad del ejército. De hecho, colocar a un hombre de confianza (Hernández Dala) al frente de la DGCIM y simultáneamente de su guardia presidencial refleja cómo Maduro integró la inteligencia militar a su anillo de protección política (Alexander Granko, “el torturador de Maduro”, en la mira de la Fiscalía chilena por el crimen de Ronald Ojeda | EL PAÍS Chile).
- Parte de la “maquinaria” represiva del régimen: la DGCIM forma junto al SEBIN y otras fuerzas (FAES, Guardia Nacional, etc.) una estructura de represión coordinada al servicio del mantenimiento del poder. La ONU afirmó que los organismos de inteligencia “funcionan como estructuras bien coordinadas en la ejecución de un plan orquestado en los más altos niveles del gobierno para reprimir a la disidencia” (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). En este engranaje, la DGCIM se especializa en la represión preventiva y reactiva dentro del ámbito castrense, pero también apoya operaciones contra civiles cuando se le requiere. Por ejemplo, DGCIM y SEBIN a menudo colaboraron en operativos (como las detenciones simultáneas de militares y civiles en la supuesta conspiración de junio 2019 que involucró a Acosta Arévalo) (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). La DGCIM aporta su capacidad de inteligencia y mano dura para neutralizar opositores antes de que actúen. Se ha descrito que la DGCIM y el SEBIN eran “parte de una maquinaria diseñada y ejecutada para cumplir con el plan del gobierno de reprimir la disidencia” (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). En otras palabras, son brazos ejecutores de una política de Estado. Esta maquinaria represiva ha sido comparada con la de regímenes autoritarios donde la policía secreta/militar juega un rol político central (p.ej., la DINa en Chile bajo Pinochet, la Stasi en la RDA, salvando contextos).
- Garantizar la disciplina interna de las FANB: uno de los roles fundamentales de la DGCIM es controlar el disenso dentro de las propias fuerzas armadas. Maduro heredó un ejército politizado por Chávez, pero con focos de descontento. Para prevenir golpes o divisiones en el estamento militar, la DGCIM actúa como policía política interna. Los datos de PROVEA muestran que a medida que creció el temor del gobierno a alzamientos (2017 en adelante), la DGCIM incrementó su protagonismo represivo dramáticamente (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual). El mensaje para la FANB era claro: cualquier manifestación de crítica o conspiración sería detectada y castigada. Este rol intimidatorio fue efectivo en sofocar movimientos disidentes (varios planes de golpe fueron desmantelados tempranamente, aunque también pudo alimentar resentimientos). Además, la DGCIM sirve para “purgar” la institución militar: muchos oficiales sospechosos fueron expulsados o encarcelados, consolidando en puestos clave solo a leales. En esencia, la DGCIM ha sido el garrote interno para mantener alineada a la FANB con el proyecto político chavista. Su presencia ubicua (oficinas en unidades militares, informantes, etc.) crea un clima de vigilancia permanente entre militares.
- Represión del disenso civil vinculado a lo militar: si bien el SEBIN suele lidiar con activistas civiles, la DGCIM ha jugado un rol crucial cuando ese disenso civil se entrelaza con asuntos militares. Por ejemplo, la DGCIM se encargó de desarticular grupos de policías rebeldes (como el de Óscar Pérez) y de perseguir a políticos que supuestamente buscaban apoyo militar para deponer a Maduro. La DGCIM también participó en la represión de diputados ligados a intentos de golpe (caso del diputado Juan Requesens en 2018, detenido por SEBIN pero con investigaciones de DGCIM por el atentado a Maduro). Esto demuestra que el papel de la DGCIM trasciende los cuarteles: ha sido instrumentalizada para reprimir también el disenso civil cuando el régimen lo percibe conectado con la seguridad del Estado o la traición militar. Incluso familiares de militares exiliados o desertores han sido acosados por la DGCIM, lo que extiende su radio de acción a la sociedad.
- Integración con asesoría extranjera (Cuba): varios analistas y algunas ONGs (como CASLA) sostienen que la contrainteligencia venezolana ha recibido asesoría y entrenamiento de agentes cubanos, dada la estrecha relación entre los gobiernos de Cuba y Venezuela. El Informe CASLA 2019 dedicó un capítulo a la “injerencia cubana en la planificación de la represión sistemática y su participación en el crimen de tortura en Venezuela” (Tortura sistemática en venezuela 2019 y la partición de cubanos en los patrones de tortura). Si bien el gobierno lo niega, exiliados han declarado que oficiales de inteligencia cubanos operan en Caracas como consejeros, aportando tácticas de control social y contrainteligencia. La presencia de Cuba explicaría la sofisticación de algunos métodos, la creación de casas clandestinas y la énfasis en quebrar psicológicamente a los detenidos (tácticas similares usó la Seguridad del Estado cubana históricamente). De ser cierta, esta influencia refuerza la orientación político-ideológica de la DGCIM: proteger la “Revolución” a toda costa, con métodos aprendidos de un aliado autoritario. No obstante, cabe aclarar que las responsabilidades legales recaen en los funcionarios venezolanos; la posible asesoría cubana solo evidenciaría la dimensión transnacional de la estrategia de control.
- Lealtad política por encima del Estado de Derecho: la relación entre la DGCIM y el poder político está cimentada en la lealtad incondicional al régimen, por encima de la Constitución y las leyes. Esto ha derivado en que la DGCIM actúe sin respetar separación de poderes ni controles legales. Por ejemplo, han ignorado órdenes de excarcelación emitidas por tribunales civiles; muchos detenidos de la DGCIM que obtuvieron boletas de excarcelación, siguieron presos arbitrariamente. La subordinación total al Ejecutivo permite que la DGCIM se coloque al margen del marco legal con tal de cumplir los designios políticos. En la Venezuela de Maduro, la institucionalidad democrática está erosionada y el poder del Estado se emplea para violar derechos que debería garantizar, con impunidad garantizada desde arriba (Informe Anual 2019 | Terrorismo de Estado generó 574 víctimas y 23 asesinados bajo torturas – PROVEA). La DGCIM ejemplifica esta situación: es formalmente un cuerpo de seguridad del Estado, pero opera en la práctica como brazo del partido gobernante para perpetuarse en el poder.
En conclusión, la DGCIM ha sido un instrumento central del poder político chavista para reprimir, controlar y atemorizar, tanto dentro de las fuerzas armadas como en la sociedad. Su estructura jerárquica la vincula directamente con la presidencia, y su actuación coordinada con otros cuerpos revela un plan estatal deliberado. Lejos de ser un actor independiente, la DGCIM ha actuado siempre en función de los intereses políticos del régimen: primero, asegurando la disciplina interna militar (evitando golpes) y segundo, sofocando cualquier alianza entre militares descontentos y la oposición civil. Esto explica por qué, a pesar de las atrocidades cometidas, sus jefes han gozado de protección política. En palabras de la Misión de la ONU, el gobierno venezolano “se apoya en los servicios de inteligencia y sus agentes para reprimir la disidencia en el país” (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Es decir, la DGCIM forma parte estructural de la arquitectura autoritaria instaurada por Maduro. Mientras esa relación perversa continúe, será muy difícil desmontar las prácticas abusivas, ya que no se trata de excesos de elementos indisciplinados, sino de acciones alineadas con la voluntad del poder gobernante.
Conclusiones
Las evidencias presentadas a lo largo de este informe conducen a una conclusión inquietante: la DGCIM, lejos de cumplir su función legítima de contrainteligencia militar, se transformó en un aparato de represión al servicio de la cúpula gobernante, incurriendo en gravísimas violaciones de derechos humanos de forma sistemática. Los tipos de abusos documentados –detenciones arbitrarias, torturas físicas y psicológicas, violencia sexual, desapariciones forzadas y muertes bajo custodia– configuran crímenes de lesa humanidad según el derecho internacional, cuando se cometen como parte de un ataque generalizado y sistemático contra una población civil. Diversos organismos (ONU, OEA) han dado pasos para calificar así estos hechos.
Los periodos de máxima represión (2017-2019) evidenciaron que tales violaciones no fueron actos aislados, sino respuesta deliberada del Estado ante crisis políticas, implementada a través de la DGCIM y otros órganos de seguridad. El perfil de las víctimas confirma que se buscó silenciar y escarmentar a militares disidentes, opositores civiles y cualquiera considerado enemigo interno, sin respetar ninguna garantía. Asimismo, los centros de detención analizados (oficiales y clandestinos) muestran una planificación de la represión: la existencia de sitios secretos de tortura indica que el Estado destinó recursos y logística para estos fines ilícitos (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS).
Se identifican responsables directos e indirectos de estos atropellos, desde el Presidente de la República y su círculo (como máximos autores intelectuales y garantes de la impunidad) hasta los agentes torturadores que ejecutaron materialmente el sufrimiento. Lamentablemente, la reacción estatal ha consistido en encubrimiento y falta de justicia, reforzando la indefensión de las víctimas. Pese a leyes nacionales que prohíben la tortura, estas se han quedado en el papel debido a la falta de independencia judicial y la subordinación de las fuerzas de seguridad al poder político.

La relación simbiótica entre la DGCIM y el régimen de Maduro ha quedado al desnudo: la contrainteligencia militar funge como arma para preservar el poder, a costa de pisotear derechos fundamentales. Este maridaje entre fuerza y poder ha debilitado el Estado de Derecho en Venezuela y generado un clima de terror e inseguridad jurídica.
Diversos actores internacionales han alzado la voz, instando a poner fin inmediato a estas prácticas y sancionar a los responsables conforme a la ley (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Sin embargo, en Venezuela continúan vigentes las mismas estructuras y dinámicas represivas, y los perpetradores siguen operando o han sido premiados (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae). Ello implica que el riesgo de nuevas violaciones persiste mientras no haya reformas genuinas y procesos de rendición de cuentas.
Es imperativo, por ende, que se refuercen los mecanismos internacionales de protección: la continuidad de la Misión de la ONU, la actuación de la Corte Penal Internacional y la presión diplomática coordinada pueden contribuir a frenar la impunidad. Al mismo tiempo, las voces de las víctimas y defensores de derechos humanos en Venezuela deben seguir siendo escuchadas y respaldadas, pues son ellas quienes han iluminado estos abusos en medio de la oscuridad.
En suma, la DGCIM ha cometido violaciones atroces que manchan la historia reciente de Venezuela. La memoria de quienes sufrieron en sus celdas clandestinas exige verdad, justicia y no repetición. Solo desmontando la estructura represiva y subordinándola nuevamente al imperio de la ley, Venezuela podrá aspirar a reconciliar sus fuerzas armadas con la democracia y garantizar nunca más la tortura. Por ahora, la tarea pendiente es enorme, pero la documentación rigurosa –como la recopilada en este informe– sienta las bases para que algún día haya justicia para las víctimas y responsabilidad para los victimarios, logrando así reparar el profundo daño hecho al estado de derecho y a la dignidad humana en el país.
Fuentes consultadas: Informes de la Misión Internacional de la ONU (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae), declaraciones de sus integrantes (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae), reportes de Human Rights Watch (Venezuela: Tortura de acusados de conspiración | Human Rights Watch), Amnistía Internacional (Amnistía Internacional denunció nuevas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y casos de torturas en Venezuela – Infobae), PROVEA (Provea: Dgcim fue responsable del 75% de las torturas de 2018 en Venezuela – TalCual), Foro Penal, CASLA, y testimonios publicados en medios confiables (Venezuela: La ONU concluye que en una red de casas clandestinas de Venezuela se torturaron a opositores por órdenes del Gobierno | Internacional | EL PAÍS) , entre otros. Todas coinciden en la gravedad de las violaciones cometidas por la DGCIM y la necesidad de acciones concretas para detenerlas y sancionarlas. La comunidad internacional y la sociedad venezolana tienen el desafío de continuar observando, denunciando y exigiendo justicia, para que los crímenes aquí descritos no queden en la impunidad y para que Venezuela recupere el respeto por los derechos humanos fundamentales. (La ONU concluyó que los servicios de inteligencia de la dictadura de Maduro cometieron crímenes de lesa humanidad de forma sistemática – Infobae)