Trump incorporó a María Corina a su estrategia para la transición en Venezuela

18 enero, 2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió incorporar a la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, a su estrategia política para avanzar hacia una transición democrática en Venezuela. La decisión se selló durante un almuerzo a puertas cerradas en la Casa Blanca, que sirvió para recomponer el vínculo personal entre ambos, aunque dejó en claro que la administración republicana conservará el control absoluto de la relación con Caracas.

El encuentro se produjo en un contexto excepcional: la captura del dictador Nicolás Maduro, su traslado a Nueva York y la apertura de un proceso de negociación política con Delcy Rodríguez, quien hoy encabeza el poder ejecutivo de facto en Venezuela.

Una hoja de ruta reservada y un círculo reducido de poder

La estrategia de Trump para Venezuela permanece bajo estricta reserva y es conocida solo por un núcleo reducido de funcionarios:

  • Marco Rubio, secretario de Estado
  • JD Vance, vicepresidente
  • Pete Hegseth, secretario de Defensa
  • Susie Wiles, jefa de Gabinete

Ni Machado ni el presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, participaron en las decisiones que derivaron en la captura de Maduro ni en la apertura del canal directo con Rodríguez.

El cálculo geopolítico de Trump: evitar el vacío de poder

Consultado sobre por qué dialoga con Delcy Rodríguez en lugar de transferir inmediatamente el poder a la oposición, Trump recurrió a una lectura histórica: evitar un colapso institucional que derive en escenarios de caos como los vividos en Irak, Afganistán o Vietnam.

Desde esa lógica, la Casa Blanca prioriza una transición administrada, negociada con sectores del poder chavista, antes que una ruptura abrupta que pueda desatar violencia interna, fracturas militares o expansión del crimen organizado.

Delcy Rodríguez como interlocutora central

Bajo esta premisa, Marco Rubio abrió un canal de contacto permanente con Delcy Rodríguez, y solo cuando Trump consideró que ella aceptaba las reglas impuestas por Washington, autorizó una conversación directa.

Tras esa llamada, Trump llegó a calificarla públicamente como “una persona excepcional”, gesto que generó preocupación y desconcierto en sectores de la oposición venezolana.

Machado, del desplazamiento a la inclusión condicionada

Machado fue notificada del almuerzo con Trump cuando aún se encontraba en Europa, tras haber sido recibida en audiencia privada por el Papa León XIV. Viajó a Washington en silencio, se alojó bajo protección del Servicio Secreto y mantuvo reuniones estratégicas con su círculo más cercano.

Su conclusión fue clara: presentar su propia hoja de ruta, escuchar los argumentos de Trump y buscar un punto de contacto sin confrontación directa.

Durante el almuerzo, Trump mostró una actitud cordial y respetuosa, le enseñó el Salón Oval —donde recibió la medalla del Nobel de la Paz— y compartió recuerdos de campaña. En la mesa estuvieron Rubio, Vance y Wiles. Machado asistió sola: González Urrutia no fue invitado y permaneció en Madrid.

Rol político reconocido, pero sin control del proceso

En la conversación, Machado cuestionó el papel de Delcy Rodríguez, reiteró que el chavismo se sostuvo mediante fraude y expresó su voluntad de regresar a Caracas y competir electoralmente cuando se habilite un calendario creíble.

Trump elogió su inteligencia y liderazgo, pero fue inflexible: la transición seguirá bajo supervisión de la Casa Blanca y Machado deberá esperar el momento político adecuado.

El presidente estadounidense le solicitó no regresar a Venezuela sin autorización expresa de Washington, pedido que Machado aceptó, consciente de los riesgos personales y del equilibrio diplomático en juego.

Fuente: Infobae

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