Trump desata la “Doctrina Donroe” y pone en aviso a los socialistas en todo el mundo

7 enero, 2026

Por Yuri Perez*

Durante los últimos 26 años, hemos sido testigos del impacto devastador del socialismo sobre el pueblo venezolano. Hoy estamos llenos de esperanza al ver al presidente Donald Trump actuar para poner fin a esa pesadilla. Bajo el liderazgo de Trump, Estados Unidos no solo está restaurando el orden, sino que también está implementando una visión moderna de la Doctrina Monroe: contrarrestar a adversarios extranjeros y abrir el camino hacia la seguridad y la prosperidad en la región.

Las acciones del presidente Trump en Venezuela son necesarias y totalmente legales, sustentadas en precedentes estadounidenses bien establecidos para la intervención en el Hemisferio Occidental. Apoyándose en ejemplos históricos —como la invasión de Granada en 1983 para rescatar a estadounidenses y frenar un golpe comunista, y la invasión de Panamá en 1989 para derrocar al dictador vinculado al narcotráfico Manuel Noriega—, Trump cuenta con amplia autoridad legal en virtud del Artículo II de la Constitución como comandante en jefe.

Esas intervenciones se justificaron por la necesidad de proteger a ciudadanos estadounidenses, combatir amenazas a la estabilidad regional y promover los intereses de Estados Unidos frente al narcotráfico y el comunismo. De manera similar, el despliegue de Trump se apoya en el marco de la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) y en poderes ejecutivos avalados por la Corte Suprema, que reconoce la amplia autoridad del presidente en asuntos exteriores.

Estos precedentes subrayan que, cuando un régimen vecino representa un peligro claro e inmediato —a través de migración masiva, flujos de drogas y alianzas con potencias hostiles—, Estados Unidos tiene derecho a actuar con decisión. Además, el golpe audaz de Trump se alinea con los principios de la teoría de la guerra justa, que justifica la acción militar cuando cumple criterios como causa justa, intención correcta y proporcionalidad.

A diferencia de presidentes anteriores —que carecieron del valor para defender a Estados Unidos frente al avance del socialismo, permitiendo que regímenes como el de Nicolás Maduro se enquistaran y exportaran caos—, la determinación de Trump marca un cambio decisivo, invocando herramientas como la Ley de Enemigos Extranjeros (Alien Enemies Act) y la Resolución de Poderes de Guerra (War Powers Resolution) para enfrentar estos peligros de frente. Mientras administraciones previas desperdiciaron recursos en programas de política exterior equivocados, incluida la promoción de iniciativas LGBT y de ideología de género que alejaron a aliados tradicionales y desviaron la atención de amenazas centrales, las acciones de Trump han barrido esas necedades, reenfocando la política exterior estadounidense en resultados tangibles y claridad moral.

Fiel a su palabra, el presidente Trump está cumpliendo sus promesas al abordar de frente la crisis venezolana, incluyendo asegurar las vastas reservas petroleras del país. Al tomar control del petróleo que alimentó al régimen comunista durante más de dos décadas, Trump está recuperando recursos que han sido utilizados como arma contra Estados Unidos.

Estas medidas reflejan el espíritu de “America First” de Trump, garantizando que el petróleo venezolano fortalezca la independencia energética de Estados Unidos en lugar de financiar fuerzas antiestadounidenses. Es un paso pragmático hacia la estabilización: evita un mayor colapso humanitario y frena la ola de refugiados que desborda nuestras fronteras. Es importante recordar que los estadounidenses desempeñaron un papel clave en el desarrollo de la infraestructura petrolera de Venezuela a comienzos del siglo XX, con empresas estadounidenses que invirtieron fuertemente en refinerías, oleoductos e instalaciones de extracción que transformaron al país en un gran productor. Sin embargo, bajo el comunista Hugo Chávez, esa infraestructura fue confiscada mediante nacionalizaciones y expropiaciones, despojando a los actores legítimos y llevando a su deterioro por el saqueo comunista.

La “Operación Absolute Resolve”, realizada por el Departamento de Guerra de Estados Unidos, representa una aplicación robusta de la Doctrina Monroe, proclamada originalmente en 1823 para disuadir a las potencias europeas. Hoy, evolucionada bajo Trump como la “Doctrina Donroe”, esta estrategia hemisférica busca contrarrestar amenazas contemporáneas de la China comunista y Cuba, así como de Rusia e Irán. Estos adversarios se han afianzado en Venezuela: China mediante préstamos depredadores y extracción de recursos; Cuba a través de su aparato de inteligencia que sostiene la represión de Maduro; y Rusia con asesores militares y acuerdos de armas que desestabilizan la región.

La intervención de Trump está desafiando este eje de autoritarismo, con la esperanza de expulsar a influencias extranjeras y reafirmar la primacía de Estados Unidos en nuestro vecindario mediante la implementación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional. Al desmantelar estas redes, no solo neutralizamos riesgos de seguridad inmediatos —como posibles bases de misiles o amenazas cibernéticas—, sino que también enviamos un mensaje claro: las Américas ya no serán un patio de juegos para fuerzas hostiles. Para asegurar el éxito, el embargo sobre el petróleo venezolano debe continuar hasta que el régimen dictatorial ya no esté en el poder.

En última instancia, el petróleo de Venezuela debe ser administrado por Estados Unidos para asegurar una transición ordenada. La tutela estadounidense brinda el apalancamiento económico necesario para la reconstrucción, y las inversiones entrantes de empresas energéticas estadounidenses solo beneficiarán a los ciudadanos venezolanos. Bajo supervisión de Estados Unidos, podemos erradicar la corrupción, reconstruir infraestructura y evitar los costosos errores de “construcción de naciones” del pasado, que fueron pagados por los contribuyentes estadounidenses.

La liberación de Venezuela por parte de Trump demuestra que Estados Unidos ha vuelto. Los dictadores comunistas de Cuba y Nicaragua deberían tomar nota: bajo la “Doctrina Donroe”, ya no nos quedaremos de brazos cruzados mientras un eje del mal crece en nuestro vecindario.

*Yuri Perez es el Director de Estudios Latinoamericanos en la Fundación Memorial de las Víctimas del Comunismo.

Publicado originalmente en inglés en Fox News

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